El lado B de Malvinas: las mujeres también fueron parte

         


   Cuando iba a la primaria y mis docentes me hablaban de la Guerra de Malvinas, me contaban sobre los jóvenes que habían ido a luchar por la soberanía de unas tierras que geográficamente nos pertenecían (¿o debería decir pertenecen?), me decían que eran héroes porque habían ido a defender la patria.

Hace unos años, probablemente gracias al auge del feminismo, un 2 de abril me topé con una foto en las redes sociales que se notaba que era de hace unos cuantos años atrás, las personas que aparecían en ella estaban vestidas de verde militar y si no hubiera sido porque eran mujeres, habría dado por sentado que era de la guerra de Malvinas, especialmente por la fecha y por el tipo de fotografía. Leí la descripción y para mi sorpresa, efectivamente el contexto era el que me había parecido en una primera impresión. Tuve sensaciones raras dentro de mí porque no podía entender mucho lo que estaba viendo, ¿cómo que habían ido mujeres si cuando me enseñaron sobre este acontecimiento nunca las nombraron?

A raíz de esa publicación, me puse a investigar al respecto y me encontré con otra imagen que me gustó mucho, era de un grupo de cuatro mujeres vestidas con unas camperas abrigadas también de color verde militar (como la que había visto posteada anteriormente), tenían una sonrisa en la cara y una pose relajada mirando al frente. El encuadre era horizontal en un ángulo normal, se veían las personas hasta las caderas en un plano medio. Estas mujeres estaban en la parte exterior de un barco, detrás de ellas se veía parte de él y un poco de agua, por lo que parecía que estaban navegando.

Indagando un poco más, me enteré que la fotografía pertenecía a una de las personas que aparecía ahí, su nombre era Susana Mazza, la segunda contando de izquierda a derecha. No pude encontrar la fecha exacta en la que fue sacada porque no figura entre la información de las páginas web donde la encontré y la dueña de la misma falleció en 2018. Sin embargo, ellas embarcaron el 11 de junio de 1982, tres días antes de la rendición y cuando todavía en el continente la información era que Argentina estaba ganando, por lo que a juzgar por sus poses y contexto, probablemente haya sido ese día. Ellas iban “a Malvinas a trabajar. A ayudar a aquellos que estaban peleando por la Patria, tal como dijo otra de las integrantes de la fotografía: María Marta Lemme.

Las dos mujeres restantes que completan el grupo fotografiado son María Cecilia Riccheri y María Angélica Sendes. Las cuatro eran instrumentadoras quirúrgicas que se anotaron como voluntarias para el Hospital Militar Malvinas de Puerto Argentino, pero que fueron destinadas al buque Rompehielos Almirante Irizar, lugar en el que se tomaron la foto de la que estoy escribiendo. El navío funcionó como embarcación-hospital a escasos kilómetros de las Malvinas hasta el cese de hostilidades. Desde su ubicación podían sentir las explosiones de artillería en los montes isleños y con binoculares, ver los bombardeos. Los casos más frecuentes que debieron atender fueron heridos de munición y de metralla recién salidos del frente.

A través de todo lo que leí sobre las mujeres presentes en la Guerra de Malvinas me enteré que ellas no quieren ser vistas como víctimas porque decidieron estar ahí, a diferencia de muchos varones que no tuvieron opción. Ellas tienen orgullo de lo que hicieron y hacen hincapié en que su interés se hallaba en quienes se encontraban en la línea de fuego y en los que estaban muriendo por la cantidad de errores que tuvo este conflicto bélico.

A lo largo de la historia, las mujeres fueron invisibilizadas y Malvinas no fue la excepción. Las cuatro instrumentadoras de la imagen son de las pocas reconocidas como veteranas de guerra por el Estado argentino, pero pienso en lo que me enseñaron en mi infancia y se me hace un nudo en el estómago porque ahora sé que a esa guerra, además de hombres, también fueron mujeres que no solo curaron a los heridos, sino que brindaron contención afectiva y emocional. Recuerdan que los sobrevivientes les decían que habían tenido “las manos de mamá”.

Ahora también sé que una foto nunca es solo una foto, es una historia detrás de ella, es un contexto que ni siquiera imaginamos, es una mirada subjetiva: ver mujeres sonriendo en un barco en una foto puede insinuar que están yendo a pasar un buen momento cuando en realidad podrían estar navegando en un barco-hospital para atender a heridos de guerra.

En cada retrato hay una huella y este que encontré es una prueba de que las mujeres también son parte de la historia y protagonistas destacadas, aún cuando son opacadas por sesgos de género.

Para concluir, una frase de Ivy Perrando Schaller[ii] que resume muy bien el significado de esta visibilización: “Las mujeres de Malvinas son una ficha de un rompecabezas de 20 mil piezas. Pero si esa no está, ese rompecabezas está incompleto.”



 

[ii] Fotógrafa de las veteranas de guerra y autora de “Valientes: una historia de mujeres”

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